Criar con respeto no significa permitirlo todo
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Criar con respeto no significa permitir cualquier conducta. Las niñas, niños y adolescentes necesitan normas que les ayuden a comprender qué se espera de ellos, reconocer los riesgos y aprender a convivir con otras personas.
Los límites pueden establecerse sin gritos, amenazas o humillaciones. Para ello, es importante comunicarlos con claridad, mantenerlos con constancia y considerar la edad y las capacidades de cada integrante de la familia.
Poner límites también es cuidar
Los límites brindan orientación y seguridad. Para que puedan comprenderse, deben expresarse mediante indicaciones claras y realistas. En lugar de decir: “Compórtate bien”, puede explicarse qué se espera: “Cuando termines de jugar, guarda los juguetes en su lugar”.
También es importante explicar el motivo de una norma. Por ejemplo: “Debes tomarme de la mano al cruzar la calle porque pueden pasar vehículos”. Conocer la razón permite que niñas, niños y adolescentes comprendan que el límite busca protegerlos y no controlar cada una de sus decisiones.
A medida que crecen, algunas normas pueden cambiar y dar paso a nuevos acuerdos y responsabilidades.
Firmeza sin gritos ni humillaciones
Decir “no” también forma parte de la crianza. La diferencia se encuentra en la manera de comunicarlo. Es posible reconocer una emoción y mantener el límite al mismo tiempo: “Entiendo que quieras seguir jugando, pero es momento de descansar”.
Gritar, insultar o recurrir al castigo físico puede afectar la confianza y no enseña cómo actuar de una manera diferente. La disciplina respetuosa busca orientar la conducta mediante mensajes firmes, comprensibles y libres de violencia.
Mantener la calma no siempre es sencillo. Si la persona adulta está muy molesta, puede hacer una pausa antes de conversar y retomar la situación cuando pueda expresarse con mayor claridad.
Consecuencias que ayudan a aprender
Las consecuencias deben relacionarse con lo sucedido y ayudar a asumir responsabilidades. Si una niña o un niño desordena un espacio, puede colaborar para recogerlo; si daña algo, puede participar en su reparación; y si incumple un acuerdo, la familia puede conversar sobre lo ocurrido y buscar una solución.
Antes de aplicar una consecuencia, es importante explicarla con calma y permitir que la niña, niño o adolescente tenga la oportunidad de corregir su conducta.
Criar con respeto requiere afecto, orientación y constancia. Establecer límites claros no es ser una persona autoritaria ni permisiva: es acompañar el aprendizaje, proteger sin humillar y enseñar a tomar mejores decisiones.
