Edgar Calel: semblanza de un artista que llevó a Comalapa al mundo
Incluye
Con gran sensibilidad, amor a sus raíces y el deseo de poner en alto el nombre de su comunidad, Edgar Calel, artista y poeta comalapense galardonado con el Premio Sam Gilliam 2026, lleva la identidad de sus raíces a algunos de los espacios más importantes del arte contemporáneo internacional.
Originario del municipio de San Juan Comalapa, Chimaltenango, y perteneciente al pueblo Maya Kaqchikel, el artista fue reconocido recientemente con el Premio Sam Gilliam 2026, un reconocimiento que honra su trayectoria, la fuerza de su obra y la capacidad de conectar la memoria, la espiritualidad y la vida cotidiana de los pueblos con la sociedad occidental.
Pero detrás de los museos internacionales y de las exposiciones alrededor del mundo, permanece el niño que dibujaba en sus cuadernos mientras los maestros intentaban llamarle la atención.
«Yo comencé como un gran consumidor de arte desde que mi mamá me amamantaba, porque veía los colores de su huipil pegado a su pecho. Ese es un gran regalo de la vida: que nos amamanten con la cultura en la cara», relata Calel.
Desde entonces, su vida estuvo profundamente ligada al arte. Creció rodeado de colores, tejidos, ceremonias y espiritualidad junto a su familia, sin imaginar que comenzaba a construir una de las propuestas artísticas guatemaltecas más importantes de su generación.
Raíces artísticas
Su trayectoria inició desde el hogar, junto a su padre y su hermano, con quienes realizaba diversas pinturas. Poco a poco, el talento y la dedicación de Edgar comenzaron a ser reconocidos dentro de su comunidad, despertando en él la necesidad de ampliar sus conocimientos artísticos. Fue así como ingresó a la Escuela Nacional de Artes Plásticas «Rafael Rodríguez Padilla».
Pero sus ganas de aprender y explorar nuevos lenguajes lo llevaron mucho más lejos. «Tenía muchas ganas de aprender técnicas y de que mi trabajo fuera mejor valorado. Ahí me dije: “Quiero ser un artista muy bueno de este país”», recuerda.
Fue en 2005 cuando sus raíces comenzaron a florecer en el arte. Desde entonces, su trabajo ha formado parte de importantes espacios nacionales e internacionales. En 2015 fue reconocido en Juannio y, desde 2006, ha participado en la Bienal de Arte Paiz.
Conoce más de Edgar Calel en este REEL.

Reconocimiento a su arte
A nivel internacional, su trabajo ha tenido presencia en importantes encuentros artísticos como:
· Bienal de Helsinki, Finlandia (2025)
· Bienal de São Paulo, Brasil (2023)
· Bienal de Liverpool, Reino Unido (2023)
· Bienal de Gwangju, Corea del Sur (2023)
· Bienal de Berlín, Alemania (2020)
· Bienal Internacional Carnegie de Pittsburgh, Estados Unidos (2022).
Este 2026 fue reconocido con el Premio Sam Gilliam, un galardón que, para Edgar, representa mucho más que un reconocimiento a su trayectoria: simboliza una oportunidad para continuar creando, investigando y compartiendo con otras personas a través del arte.
Sus obras nacen de rituales sencillos, conversaciones familiares y una espiritualidad profundamente conectada con la vida cotidiana. A través de la instalación, el dibujo, la pintura, la escultura y el performance, explora temas como el territorio, la espiritualidad, la memoria colectiva y la comunidad.
«Me siento muy orgulloso de venir de raíces indígenas y de poder darle continuidad al conocimiento y la sabiduría que nuestros abuelos nos heredaron», resaltó Calel.
A nivel internacional, es reconocido por sus instalaciones monumentales y por propuestas que retratan la relación entre la cosmovisión maya y la comunidad. Su obra ha sido presentada en distintos espacios de Europa, Asia y América.

Pasión transformadora
Aunque el reconocimiento internacional continúa creciendo alrededor de su obra, Edgar Calel mantiene la mirada puesta en el presente, con el deseo de seguir apoyando el arte en las nuevas generaciones y continuar llevando el nombre de Guatemala a escenarios internacionales.
«No hay que dejar que nuestros sueños mueran por pensar que vivimos en un lugar difícil […] el arte tiene la capacidad de transformar nuestras vidas; tiene magia, te hace más sensible, más humano, te ayuda a ponerte en el lugar del otro», afirma.
Su obra se ha convertido en un puente entre Guatemala y el mundo, demostrando que el arte puede preservar la memoria, abrir espacios de reflexión y dar continuidad a las voces y conocimientos heredados por generaciones.

