El Coro Nacional de Personas con Discapacidad llevó arte e inclusión al Museo Nacional de Historia

Con un repertorio que incluyó obras guatemaltecas, latinoamericanas y universales, el Coro Nacional de Personas con Discapacidad presentó un concierto en el Museo Nacional de Historia, que promovió la inclusión y el encuentro entre patrimonio cultural y expresión artística.

«Los museos son espacios que resguardan la historia de los pueblos, y el CNPD busca aportar a una historia cultural más inclusiva. De esta forma, el concierto se convierte en un espacio de encuentro entre el patrimonio que resguarda el museo y las nuevas historias que hoy se siguen construyendo desde el arte», expresó Cumez.

Bajo la dirección artística del maestro José Azurdia y con el acompañamiento al piano del maestro Joshua Texaj, el coro presentó un programa diverso que abrió con la obra espiritual «Grande gozo hay», del compositor estadounidense Buryl Red. Posteriormente, interpretó las reconocidas canciones románticas «Contigo aprendí», de Armando Manzanero, y «Quizás», de Osvaldo Farrés.

La agrupación dedicó además un espacio a la música nacional con la interpretación de «Mi plegaria», de César de Guatemala. Como parte de la jornada, se desarrolló un momento de sensibilización en el que las intérpretes en lengua de señas Oneida Delgado y Flor Marroquín enseñaron al público la forma de aplaudir en esta lengua, mediante el movimiento de las manos abiertas en alto.
 

gff

Música de Guatemala y Latinoamérica

El repertorio continuó con una selección de música latinoamericana integrada por «Como la cigarra», de María Elena Walsh; «11 y 6», de Fito Páez; y «Con un poco de amor», de Silvio Rodríguez.

La velada regresó posteriormente a la música guatemalteca con la interpretación de «Antigua», del maestro Felipe de Jesús Ortega, seguida de tres composiciones del reconocido «cantor del paisaje», José Ernesto Monzón: «Canto a Baja Verapaz», «Canto a mi Guatemala» y el popular son «El grito».

Durante la interpretación de esta última pieza, el público participó con entusiasmo al entonar el tradicional grito que da nombre a la obra, cerrando una jornada en la que la música se convirtió en un puente entre la historia, la identidad cultural y la inclusión.

 

 

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