El déficit de atención e hiperactividad son trastornos que afecta a la niñez con repercusiones en lo social, familiar y escolar
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“El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es uno de los trastornos del neurodesarrollo y afecta con más frecuencia a los niños; sin embargo, el déficit de atención se presenta más en niños”, explicó la Licda. Yosmari Figueroa, neuropsicóloga de la Consulta Externa de Pediatría del Hospital General San Juan de Dios.
Los síntomas más comunes se centran en niños muy inquietos, no pueden permanecer en un lugar por mucho tiempo, van por todos lados corriendo, aún en lugares que no son apropiados.
Los signos de impulsividad se expresan en una conversación de adultos, se pone hablar o van hablar antes, les cuesta prestar atención en diversas actividades, se distraen y pierden las cosas.
Hay que tomar en cuenta que la hiperactividad afectará el área social, escolar y familiar, lo importante es recordar que un niño no es malcriado como se les dice, porque un niño con hiperactividad tiene una baja de dopamina por lo que busca la forma de nivelarlo, por eso busca conductas de riesgo.
En algunas ocasiones se necesita medicación, terapia psicológica y neuropsicológica (estimulación en las funciones ejecutivas que son el conjunto de capacidades cognitivas necesarias para controlar y autorregular la propia conducta); por ello es importante que los padres de familia busquen ayuda de profesionales para que les ayuden a comprender el trastorno de sus hijos e hijas.
Este trastorno puede presentarse de tres formas: inatenta, forma hiperactiva o mixta. La inatenta es difícil prestar atención al terminar una tarea, a los detalles o seguir instrucciones, tener dificultad para concentrarse, evitan iniciar tareas que le suponen un esfuerzo mental sostenido, perder cosas esenciales para sus tareas o actividades, la persona se distrae fácilmente o se olvida de detalles de la rutina diaria.
Un niño que presenta predominio en la impulsividad puede interrumpir mucho a otros, levantarse de su lugar cuando se espera, jugar con las manos y/o pies o retorcerse en su asiento, actuar como si tuviera un motor, hablar en exceso o hablar en momentos inapropiados. Y la mixta es la mezcla de las dos que se describen con anterioridad.
Cabe resaltar, que no todos los niños inquietos son hiperactivos, por lo que es importante contar con un diagnostico certero. Para diagnosticar este trastorno se evalúa la capacidad intelectual del niño, para descartar que tenga alguna discapacidad intelectual, porque puede tener conductas impulsivas. Se utilizan escalas de conducta y evaluación de funciones ejecutivas y la atención, porque puede verse afectado, un trastorno del lenguaje también puede presentar ciertas conductas inatentas o impulsivas.
De acuerdo a la Licda. Figueroa, Master en neuropsicología, se aplican pruebas a los niños para determinar si es un trastorno de déficit de atención, hiperactividad o algún factor psicológico como trastornos de sueño, u otro tipo de trastorno que esté afectando al niño.
En la Clínica de Neuropsicología de la Consulta Externa de Pediatría del Hospital General San Juan de Dios, se evalúan al mes entre 30 y 40 niños derivados por este diagnóstico y de ser necesario son tratados de forma gratuita, aunque no todos los evaluados presentan estos trastornos.
