Hospital Roosevelt devuelve la esperanza a Norman tras grave accidente laboral
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Un accidente laboral estuvo a punto de cambiar para siempre la vida de Norman de León, un herrero de 49 años y padre de tres hijos. Mientras realizaba un trabajo en un restaurante de la zona 10, una pulidora se trabó y rebotó contra su brazo izquierdo, provocando una profunda lesión que comprometía el 65% de su brazo.
En medio de la incertidumbre, fue trasladado al Hospital Roosevelt. El recorrido al centro hospitalario estuvo invadido de pensamientos acerca del futuro de Norman, pues al ser parte fundamental en su hogar no quería perder su brazo. La experiencia sobre la atención recibida empezó en una de las áreas de mayor demanda: la emergencia. De inmediato el personal salubrista le dio la atención necesaria y gratuita. Cada proceso en la asistencia fue vital, lo que permitió salvar la funcionalidad de su brazo.
El agradecimiento de Norman hacia el equipo de salud es significativo, ya que recuerda la dedicación y compromiso de cada salubrista ante su situación. Resalta que inicialmente la lesión parecía superficial; sin embargo, durante la evaluación médica, el personal de salud identificó que el daño era mucho mayor. Tras realizar radiografías y otros estudios diagnósticos, el equipo médico confirmó la ruptura de arterias y decidió realizar una reconstrucción quirúrgica que se prolongó durante ocho horas.
Gracias a la intervención oportuna y al trabajo coordinado del personal médico y de enfermería, hoy conserva la movilidad completa de su brazo y puede continuar desempeñando su oficio.
"La doctora se preocupó bastante para que me reconstruyeran bien el brazo. Gracias a Dios tengo la movilidad completa y puedo seguir trabajando. Todo eso fue por el trabajo y la atención que ella me dio", expresó Norman, quien destacó que la dedicación del personal hizo la diferencia para evitar una discapacidad permanente.
La cirugía, los estudios especializados, la hospitalización y la atención fueron proporcionados sin costo. "Todo fue gratis. Yo ya había averiguado que una reconstrucción de esa clase costaba alrededor de Q30 mil, una cantidad imposible para mí", relató. Como trabajador independiente, perder la movilidad de su brazo significaba también poner en riesgo el sustento de su familia.
Más allá del procedimiento médico, Norman destacó el trato humano recibido durante todo el proceso. "La empatía y la amabilidad fueron lo más importante. Llegamos con el alma partida y necesitamos palabras de aliento. Me atendieron como si estuviera en un hospital privado", afirmó al recordar la atención dada por médicos y enfermeras del Hospital Roosevelt.
Hoy, mientras continúa su recuperación para regresar plenamente al trabajo, Norman comparte un mensaje de agradecimiento al personal de salud y a quienes impulsan el fortalecimiento del sistema público. "Gracias al Gobierno de Guatemala y al Ministerio de Salud por seguir implementando el suministro y equipando los hospitales públicos, para que personas como yo que ocupamos el servicio público sigamos siendo atendidos de la mejor manera, tal como fui atendido en esta ocasión que necesité el servicio”, concluyó.
