La felicidad de Cristian hace que la enfermera Lubia Guerra olvide los sacrificios que hace para ayudarlo

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La felicidad de Cristian y de su mamá hizo que la enfermera Lubia Guerra olvidara por momentos el duro camino, el cansancio y el intenso calor que marcan su ruta para llegar a una de las comunidades más lejanas en la Sierra de Las Minas. La alegría no era para menos, pues el pequeño recibía una de las primeras raciones de alimentos que lo ayudarán a recuperarse de la desnutrición aguda severa que sufre tras haber nacido con varios padecimientos. 

Cristian Cruz es uno de los 11 niños detectados por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social -MSPAS- con desnutrición aguda severa, en El Progreso, y ha recibido apoyo integral en el marco del Programa de Asistencia Alimentaria de la Gran Cruzada Nacional por la Nutrición. 

El pequeño, de 4 años, nació prematuro y estuvo en el intensivo durante 4 meses. En ese  tiempo fue sometido a dos cirugías de alto riesgo, a corazón abierto y de una hernia. Esto, sumado a que no recibió lactancia materna, hizo que cayera en un cuadro de desnutrición que le ha impedido caminar, hablar con claridad y desempeñarse como cualquier niño de su edad. 

"¡Hola Cristian, cómo estás mi amor!", le dice Lubia al pequeño; moreno, de cabello y ojos negros quien con una sonrisa tímida, pero feliz, le responde: "¡bien!". "¡Mira lo que te trajimos!", continua la enfermera, mientras doña Irma; delgada y con vestimenta humilde, sonríe con su pequeño en brazos mientras recibe una ración de harina de maíz, frijol, arroz, avena mosh, atol de NutriNiños y aceite para alimentar a su familia durante tres meses. 

"Desde el Centro de Salud de San Agustín me hago más de una hora y media. Recorro unos 45 minutos en moto, luego la dejo en Chanrayo porque el camino no es plano, y continuo a pie durante una hora, con la balanza y el tallímetro encima", explica Lubia, una enfermera extra muro quien bajo el sol, la lluvia o el frío viaja para monitorear el peso y la talla de Cristian.

El pequeño y su familia residen en el Caserío El Conacaste, Aldea Chanrayo, San Agustín Acasaguastlán. Durante estas visitas, Guerra también le entrega micronutrientes, desparasitantes, vitaminas espolvoreadas y alimento complementario, entre otros. 

"Me vengo bajo el sol o el agua. Para ir a ver a los otros niños camino por lugares muy solitarios, me da miedo, pero a veces encuentro compañía", dice Lubia, quien tiene a su cargo a dos niños más, con desnutrición moderada, en el Caserío El Maguey. 

Además de pesar y tallar a los pequeños la enfermera educa a los padres sobre higiene personal, alimentación y lavado de manos. "Les enseñamos cómo preparar papillas y el alimento fortificado", dice con satisfacción. 

"Cada vez que vengo traigo la ilusión de que haya subido de peso, pero no siempre se logra. Da mucha tristeza, pero hoy me siento contenta por el apoyo que le han brindado a Cristian. Primero Dios con esto pueda recuperarse", dice mientras recuerda que en casa la esperan sus dos niños, a quienes deja mientras cumple con su trabajo. 

Lubia es una de los cientos de trabajadores de salud que cada día se esfuerzan por salvar a niños con desnutrición y, aunque a veces experimentan situaciones de rechazo, dice que siempre están dispuestos a cumplir con su misión. 

Junto con el MSPAS forman parte de esta estrategia integral los Ministerio de Desarrollo de Agricultura, Ganadería y Alimentación; de Educación, de la Defensa y la Secretaría de Seguridad Alimentaria Nutricional.

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