Oliverio: una vida como enfermero al servicio de la salud y la esperanza en Quetzaltenango
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Detrás de cada vacuna aplicada, de cada jornada de prevención y de cada paciente atendido, hay un rostro comprometido con la salud y el bienestar de su comunidad. Ese rostro es el de Oliverio Nimatuj, un enfermero profesional con 37 años de entrega al servicio de la población guatemalteca.
La fecha de inicio de su camino en la enfermería lo recuerda muy bien: el 27 de octubre de 1987, en el Centro de Salud de Santiago Atitlán, donde tuvo su primer contacto con la noble misión de atender a quienes más lo necesitan.
Desde entonces, su vocación lo llevó a Panajachel, luego a Nuevo Palmar, Quetzaltenango, tomando en cuenta que este municipio no era muy distante de su hogar.
El rostro humano de la salud
Uno de los momentos más impactantes en su trayectoria fue su labor en Santiago Atitlán, donde atendió a pacientes con oncocercosis, una enfermedad originada por picadura de moscas negras que afecta la piel y los ojos.
Junto a sus compañeros viajaba a las comunidades para atender a pacientes afectados y proveer de medicamentos y asistir en cirugías. A pesar de que eran tiempos difíciles donde no tenían un lugar para dormir, la improvisación y hasta descansar "en costales", no fue impedimento para atender a los necesitados. Asimismo, "nunca nos faltó un plato de comida y el deseo de seguir adelante", recuerda.
Oliverio sabe que la enfermería no es solo una profesión, sino un acto de entrega, amor y sacrificio. “Ser salubrista es una carrera de servicio, no para hacer dinero. La gente necesita una atención de calidad. La mayor satisfacción es ver a un paciente salir favorecido y bendecido con la asistencia que le damos”, expresa con orgullo.
Su trabajo ha sido moldeado por cada experiencia, cada capacitación recibida y cada reto superado. Hoy, con una trayectoria enriquecida por el aprendizaje y la dedicación, su misión sigue firme: llegar hasta los rincones más olvidados para garantizar que nadie se quede sin atención.
Más que un enfermero, un servidor de la vida
Hoy, con más de tres décadas de trayectoria, lidera el Programa de Zoonosis y Vacunación Antirrábica Humana, además de desempeñar un papel clave en el área de planificación familiar.
Oliverio cree que la verdadera grandeza del Ministerio de Salud radica en sus profesionales, en esos equipos de salud que trabajan incansablemente por brindar esperanza y bienestar a quienes más lo necesitan. “Queremos seguir sumando para que este Ministerio sea enaltecido ante los ojos de Dios”, concluye con humildad y determinación.
Cada día, Oliverio y muchos otros héroes anónimos como él continúan escribiendo historias de servicio y compromiso, demostrando que la salud es un derecho que merece ser defendido con vocación y corazón, siendo un verdadero rostro de la salud.
