Reconocimiento al Mérito en la Conservación de la Gran Selva Maya

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 Jorge Emilio Sosa Chí gracias por su valioso trabajo, su entrega y su compromiso con la conservación de la Gran Selva Maya.  Su ejemplo inspira a la presente y futuras generaciones a cuidar el bosque como fuente de vida no solo para Guatemala sino para Belize y México

 

Reconocimiento al Mérito en la Conservación de la Gran Selva Maya, reconoce la contribución excepcional a la conservación de la Gran Selva Maya y al fomento de la cooperación regional.  

Los primeros a quienes se les dio un reconocimiento al Mérito en la Conservación de la Gran Selva Maya son:

  1. México

Lynda Mary Florey Nicholls de Folan, ha dedicado gran parte de su vida profesional al estudio, investigación y conservación del patrimonio arqueológico y biocultural de la Gran Selva Maya. Su labor científica se desarrolló en colaboración con su esposo el Dr. William Joseph Folan Higgins, proporcionando información fundamental para sustentar la creación de la Reserva de la Biosfera de Calakmul en 1989. Uno de los antecedentes más importantes para la conservación del actual Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya.

  1. Guatemala:

Jorge Sosa, socio fundador de la concesión AFISAP y accionista que ocupó el cargo de primer presidente de desarrollo empresarial en FORESCOM, Petén, Guatemala.

  1. Belice

Programme for Belize (PfB), una organización no gubernamental sin ánimo de lucro de Belice. En virtud de un memorando de entendimiento con el Gobierno de Belice, PfB gestiona el Área de Conservación y Gestión del Río Bravo, creada en 1989.

Trabajo de Jorge Sosa, por Guatemala

Jorge Emilio Sosa Chí es originario del municipio de San Andrés, Petén. Durante más de cuatro décadas ha dedicado su vida al bosque de la Reserva de la Biosfera Maya, convirtiéndose en un referente del conocimiento tradicional y el manejo forestal sostenible en Guatemala.

Su relación con la selva comenzó muy joven. A los 14 años, ante la falta de oportunidades para los jóvenes de la época, inició como chiclero. Durante aproximadamente 20 años se dedicó a la extracción del chicle, aprendiendo a distinguir sus calidades y a recorrer el bosque. Esa etapa fue más que un trabajo: fue su primera escuela. Ahí comprendió la riqueza natural de Petén y la importancia del bosque como sustento para cientos de familias. En ese mismo periodo también participó en el aprovechamiento de otros productos no maderables como el xate y la pimienta, entendiendo desde temprano que el bosque podía dar vida sin destruirlo.

Con el tiempo amplió su experiencia al aprovechamiento forestal maderable. Trabajó con las empresas MAÍNGUA y Baren Comercial, desempeñándose como monteador. Un momento clave llegó en 1991, tras la declaración de la Reserva de la Biosfera Maya. Fue convocado por SEGEPLAN y CONAP para participar en el inventario de los recursos naturales de Petén. Su gran capacidad para identificar especies y conocer el territorio lo llevó a integrarse como baquiano, durante 8 meses, en los procesos de reconocimiento de la biodiversidad de la región.

En 1993 continuó colaborando en la creación de las Áreas Protegidas del sur de Petén. Esta experiencia marcó profundamente su visión y lo motivó a seguir aprendiendo y compartiendo su conocimiento sobre el manejo de los recursos naturales.

En 1995 se integró al Centro Maya, en las riberas del río Usumacinta, donde participó en la elaboración de planes de manejo y en los primeros procesos de aprovechamiento forestal sostenible. Dos años después, en 1996, se sumó al movimiento de comunidades forestales de Petén, vinculado a Asociación de Comunidades Forestales de Petén -ACOFOP-. En 1997 fue parte del grupo de chicleros que fundó la Asociación Forestal Integral San Andrés Petén -AFISAP-, desde donde impulsó alternativas económicas basadas en el uso responsable del bosque.

Su compromiso con las especies no maderables también es destacado. En 2014 alertó sobre afectaciones en la Palma de Xate que podrían deberse a agentes patógenos. Gracias a esa observación se impulsaron investigaciones con la Universidad del Valle de Guatemala y la Universidad de Michigan. Ha participado además en proyectos productivos de xate y copal junto a organizaciones como Custodios de la Selva, Laborantes del Bosque y AFISAP, promoviendo siempre la participación de las mujeres en estas iniciativas económicas.

En 2003 fue uno de los fundadores de la Empresa Comunitaria de Servicios del Bosque -FORESCOM-, creada para fortalecer los servicios del manejo forestal comunitario y la certificación FSC. En 2022 retomó la dirección de FORESCOM como miembro del Consejo de Administración y representante legal. Desde ahí ha seguido impulsando el fortalecimiento de las comunidades y la generación de oportunidades económicas sostenibles.

Su trabajo también ha tenido incidencia política. Participó en el proceso que culminó en 2022 con la derogación de la legislación que regulaba la actividad chiclera, buscando dignificar el trabajo de los recolectores y reconocer el valor de esta actividad ancestral. Actualmente representa a Guatemala en espacios de la Alianza Trinacional de la Selva Maya junto a México y Belice, y continúa acompañando a los chicleros en campamentos para mejorar la calidad del producto y abrir nuevos mercados, como el de Japón.

Para Jorge Sosa, la Reserva de la Biosfera Maya es mucho más que un territorio: es una oportunidad de vida, desarrollo y futuro. Su mayor motivación es que las nuevas generaciones conozcan, valoren y protejan los recursos naturales. Su historia demuestra que es posible unir el conocimiento ancestral con la ciencia y que la conservación puede ir de la mano con el bienestar de las comunidades.

El legado de Jorge Sosa ya se refleja en su propia familia, donde varios de sus integrantes estudian carreras relacionadas con el ambiente, la ingeniería ambiental y el manejo forestal.

Su trayectoria se encuentra estrechamente vinculada a la defensa, conocimiento y aprovechamiento responsable de los recursos de la selva, durante décadas ha sido testigo de la transformación del manejo forestal en Petén y ha participado activamente en su evolución, convencido de que el trabajo conjunto entre comunidades, instituciones públicas, organizaciones ambientales, academia y cooperación internacional es fundamental para garantizar la conservación de la Gran Selva Maya.

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