Sandra Díaz ha contribuido a la salud y esperanza de vida como doctora durante 40 años en comunidades quetzaltecas
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La doctora Sandra Díaz ha dejado una huella imborrable en cada comunidad quetzalteca a la cual ha servido como salubrista. En sus 40 años de trayectoria, su conexión con la salud rural ha sido significativa, donde la dedicación por sanar y salvar vidas han sido aportes vitales de amor al prójimo.
Tras su formación académica, dejó su natal Quetzaltenango para hacer frente a su primera tarea. Fue el 2 de mayo de 1984 cuando inició su camino en la salud pública. San Pedro Yepocapa, Chimaltenango, le abrió las puertas. Su primer salario fue de 369 quetzales mensuales en esa época.
Sin embargo, un año después regresaría a tierras quetzaltecas para forjar toda una vida dedicada al servicio de los demás. Su misión continuó en El Palmar, pasando por San Juan Ostuncalco, Cajolá, Zunil, Olintepeque y, desde 2018, en el Centro de Salud de San Mateo.
Al compartir fotografías antiguas vienen a su mente diversos momentos y desafíos que ha vivido durante su trayectoria como doctora. Los años 90's los tiene muy marcados por la epidemia del cólera que azotó a varias comunidades de San Juan Ostuncalco y Cajolá. "Me tocaba ir en motocicleta para ver a pacientes a sus domicilios", expresa.
Sin embargo, otro acontecimiento que le impactó fue vivir la devastación del río Nimá y el volcán Santiaguito. Las inundaciones afectaron comunidades de El Palmar a donde tuvo que acudir para atender a la población que lo requería.
Hoy, con dos hijos abogados y cuatro nietos, la doctora Díaz sigue en la primera línea de atención, con la misma pasión de siempre. Su mensaje es claro: la salud es confianza, es humanidad. A sus compañeros salubristas les recuerda que el secreto de una buena atención no está solo en los tratamientos, sino en la mística con la que se sirve a los demás.
