Territorio, niñez y prevención: así actúa el Ministerio de Salud contra la desnutrición

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En Guatemala, la desnutrición aguda sigue afectando de forma crítica a la niñez menor de cinco años, pero los datos más recientes muestran señales importantes de avance.

A la semana epidemiológica al 29  de julio de 2025, se ha reportado una tasa de recuperación del 46.61 % en niñas y niños menores de cinco años que atravesaron un episodio de desnutrición aguda. Esto se traduce en 5,464 infancias que han logrado superar esta condición, un dato que refleja el impacto concreto de los esfuerzos realizados desde el primer nivel de atención.

Así mismo, se reporta una reducción del 26 % en los fallecimientos confirmados por desnutrición aguda en niñas y niños menores de cinco años, en comparación con el mismo periodo del año anterior. 

Aunque el total de casos sigue reflejando un reto importante, la disminución sostenida en la mortalidad evidencia avances concretos en la detección temprana, el abordaje territorial y la respuesta oportuna desde los servicios de salud.


Además del trabajo territorial, el MSPAS impulsa acciones interinstitucionales para la prevención y el tratamiento de la desnutrición aguda, coordinadas con la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN). Entre estas se encuentran la iniciativa “Mano a Mano”, el Protocolo Interinstitucional para el Abordaje de la Desnutrición Aguda en territorios con mayor carga de morbilidad o mortalidad, y el Protocolo de Contingencia para el Hambre Estacional. 

Estas medidas se suman a una cartera de servicios que incluye atención prenatal, suplementación con hierro, vitamina A y micronutrientes, control del crecimiento infantil, vacunación, vigilancia del agua y educación en higiene, tanto en establecimientos como en visitas domiciliarias.


Un componente estratégico ha sido el despliegue de las Brigadas Integrales de Salud y Nutrición, organizadas en cada Dirección Departamental de Redes Integradas de Servicios de Salud (DDRISS). 

Estos equipos han logrado mantener presencia activa en 77 municipios priorizados, pero cuentan con la capacidad de trasladarse a otras comunidades en caso se identifique algún riesgo. Su labor se concentra en territorios con inseguridad alimentaria, alta prevalencia de retardo de crecimiento y condiciones de difícil acceso. 


Hasta marzo de 2025, las brigadas habían identificado 135 casos de desnutrición aguda en niñas y niños, y proporcionado atención a más de 760 mujeres embarazadas y puérperas.

Cada brigada está compuesta por un coordinador y tres auxiliares de enfermería. Su tarea va más allá del diagnóstico: incluye la entrega de alimento complementario fortificado, monitoreo del crecimiento, suplementación con micronutrientes, vacunación, desparasitación y referencia oportuna de casos con síntomas de peligro. La atención se da casa por casa o en puntos comunitarios, en coordinación con los servicios locales de salud

La atención de las brigadas de salud y nutrición, especialmente aquella dirigida a niñas y niños menores de dos años, cobra relevancia particular en 2025, año en el que este grupo etario representó el 100 % de los casos confirmados de fallecimiento por desnutrición aguda a la semana epidemiológica 29. Este dato refleja la vulnerabilidad crítica durante los primeros 1,000 días de vida, etapa clave para el desarrollo físico y cognitivo. 


En ese contexto, el fortalecimiento del primer nivel de atención ha sido una prioridad sostenida a través del proyecto Crecer Sano, que desde 2020 ha intervenido en 139 municipios de siete departamentos con alta incidencia de desnutrición crónica. 


Como parte de esta estrategia, se han construido 23 nuevos puestos de salud, se han remozado 66 y se ha equipado a más de 600 establecimientos, además de capacitar al personal en la aplicación de acciones durante la Ventana de los Mil Días. Estas acciones han permitido ampliar el acceso a controles prenatales, servicios extramuros, vacunación y entrega de suplementos, reforzando la respuesta institucional en las comunidades más expuestas.


Este fortalecimiento del primer nivel de atención también ha permitido sostener el trabajo de las brigadas de salud y nutrición. Se logró mantener la cobertura en la mayoría de municipios priorizados, reforzando la vigilancia activa y el seguimiento comunitario con apoyo del personal distrital. 


Además de mantener su presencia territorial, las brigadas han ampliado su campo de acción para responder a las condiciones específicas de cada comunidad. No solo buscan contener la desnutrición aguda. También trabajan sobre factores estructurales: promueven la lactancia materna, la alimentación adecuada en los primeros 1,000 días de vida, la planificación familiar y el control prenatal temprano. Además, actúan en contextos complejos, como territorios afectados por sequía, migración o alta resistencia a la vacunación, donde el acceso regular a los servicios de salud representa un desafío constante.


Al operar en estos entornos, las brigadas se acercan a la población para garantizar intervenciones desde el territorio. Estas acciones están alineadas con el eje de lucha contra la desnutrición de la Política General de Gobierno, que prioriza la inversión en salud, educación y servicios básicos para transformar las condiciones estructurales de la malnutrición infantil. También forman parte de las prioridades presidenciales de reducción de la pobreza y la malnutrición.

Estas prioridades nacionales también deben entenderse dentro de un contexto más amplio. La situación de la desnutrición infantil en Guatemala se inscribe en un escenario regional complejo. En América Latina y el Caribe, más de 43 millones de personas padecen hambre y al menos 131 millones enfrentan algún nivel de inseguridad alimentaria moderada o grave, según datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura, por sus siglas en inglés). La región enfrenta desafíos vinculados a varios fenómenos como el impacto del cambio climático, la inflación en el costo de alimentos y la concentración de los sistemas agroalimentarios, lo que ha puesto en riesgo la disponibilidad y el acceso a dietas saludables.
En Guatemala, los esfuerzos por acercar servicios, mejorar la infraestructura del primer nivel de atención y fortalecer las brigadas móviles reflejan una apuesta por transformar las condiciones que sostienen la malnutrición infantil.

Con cada nuevo puesto de salud, cada control prenatal y cada visita domiciliaria, se avanza en la protección de la niñez desde los primeros días de vida. En medio de un panorama regional adverso, estas acciones permiten sostener el trabajo preventivo, asegurar el acceso a servicios esenciales y construir comunidades más saludables y resilientes.

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