Vacunación contra COVID-19: Un recorrido sacrificial pero gratificante

Karen y Ana son dos Enfermeras Auxiliares del  distrito de salud de San Andrés Villa Seca Retalhuleu; ambas con amplia experiencia en el campo de la atención a pacientes locales y  el desarrollo de programas ordinarios para el cuidado de la salud de los retaltecos. 


En el año 2020 su vida profesional cambió por completo, pues adicional a las atribuciones diarias, las acciones para combatir el COVID-19 se sumaron a los objetivos del distrito. Ambas enfermeras apoyaron desde el inicio de la pandemia con la realización de hisopados para la detección de esta enfermedad, entrega de kits de medicamentos a pacientes leves y moderados, así como en el cuidado de pacientes positivos. 


“Para nosotras trabajar en un momento como el inicio del COVID-19 en el país es realmente satisfactorio. Tuvimos la oportunidad de apoyar a muchas personas durante meses; con el paso del tiempo  se integró la vacunación y nosotras nos pusimos a trabajar en ello”, comentó Karen, lo cual es secundado por Ana.


Según las salubristas, comunidades como el Barrenito, Buenos Aires, La Cuchilla, El Salto, Pajales y  San Andrés Villa Seca han sido visitadas para promocionar la vacunación contra COVID-19; sin embargo, no se han alcanzado las coberturas deseadas ya que la población local no se quiere vacunar por miedo a efectos secundarios y rumores escuchados.


“Lamentablemente no hay mucha aceptación. En ocasiones hemos recorrido de 20 a 60 kilómetros a pie y en todo el camino solo 10 son vacunados.  En nuestra labor por acercar este biológico a los pobladores hemos recibido amenazas, maltratos verbales e incluso intimidación. Nos gustaría que la población se tome el tiempo de pensar en todas las personas que no se pudieron vacunar y que murieron a causa de esta enfermedad. Es triste que la comunidad ya no quiera vacunarse”, indica Ana, con la anuencia de Karen. 


A pesar de realizar estrategias interinstitucionales y acercamientos con las familias o los líderes comunitarios,  el personal de salud ha encontrado muchas barreras desde el inicio, pero día a día hacen su mayor esfuerzo. Bajo la lluvia y en la oscuridad de la noche Karen y Ana continúan recorriendo las calles del distrito, con la esperanzada de que la población se vacune; sin embargo, de acuerdo a las estadísticas sectoriales la cantidad de personas que aceptan la vacuna ha disminuido. 


“Las personas a veces cierran sus puertas en nuestras caras. Este beneficio es gratis pero no la aceptan. Las personas de las comunidades lejanas, a pesar del esfuerzo que se hace por llegar, informar y vacunar, son las que más se rehúsan a recibir la vacuna. Ni las escuelas, ni los COCODES aceptan el biológico; es más, la rechazan públicamente para que ningún poblador la quiera aceptar y quienes ya se colocaron la primera dosis no acuden por el refuerzo por comentarios de conocidos y comunidades.” 


El sacrificio para estas dos enfermeras y para el resto del personal de salud ha sido grande. Sin duda, el proceso ha sido difícil, pero para salubristas como Karen y Ana el trabajo ha valido la pena y contribuir a salvar la vida de los guatemaltecos es gratificante, entregando amor a través del sacrificio y esfuerzo, con la finalidad de cumplir con su vocación.

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