El Sombrerón vuelve a la pantalla 75 años después

Guatemala volvió a encontrarse con una de las obras que forman parte de la historia de su cine. Setenta y cinco años después de su estreno original, “El Sombrerón” regresó a la pantalla grande en una noche marcada por la memoria, la nostalgia y el orgullo nacional.

El martes 18 de agosto, el histórico Teatro de Bellas Artes abrió sus puertas a niñas, niños, jóvenes y adultos para recibir el reestreno de la película que marcó un momento importante en la historia del cine guatemalteco.

Considerado el primer largometraje sonoro de ficción realizado en Guatemala, “El Sombrerón” fue filmado entre 1950 y 1951 y representa uno de los hitos del patrimonio audiovisual del país. Su regreso a la pantalla permitió reencontrarse con una obra emblemática y recordar uno de los momentos en que el cine nacional dio pasos importantes en su desarrollo.

Una leyenda que llega al cine

Inspirada en una leyenda popular de Guatemala, la película traslada al espectador a un país de tradiciones, música y costumbres que forman parte esencial de su relato. Más allá de su valor cinematográfico, la cinta funciona como un documento cultural que conserva imágenes, paisajes y escenarios de Guatemala a mediados del siglo XX.

Uno de los elementos memorables del filme es la participación del reconocido cantautor Paco Pérez, autor de “Luna de Xelajú”, cuya presencia aporta una dimensión musical que enriquece la narrativa y refuerza la identidad nacional de la producción.

Un legado que trasciende en el tiempo

En una época en la que el cine nacional continúa construyendo nuevas historias, el regreso de “El Sombrerón” recuerda la importancia de preservar las obras que marcaron los primeros pasos de la cinematografía guatemalteca.

Su restauración y exhibición representan un esfuerzo por mantener viva la memoria audiovisual del país y acercarla a nuevas generaciones, permitiendo que una obra realizada hace 75 años continúe formando parte de la historia cultural de Guatemala.

El reestreno no fue únicamente una función de cine; fue un encuentro con la historia, una celebración del patrimonio cultural y una oportunidad para reconocer el valor de las obras que contribuyeron a construir la identidad cinematográfica del país.

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