"Esta casa es mía": La historia de 2,470 guatemaltecos que hoy pueden decirlo con orgullo

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El sol brilla con fuerza en Jocotenango, Sacatepéquez, y Maritza Álvarez no puede dejar de sonreír. Con sus 63 años, ha llegado al momento que tanto había esperado: el día en que, por fin, puede decir con orgullo "esta casa es mía". Y no es una frase dicha a la ligera, con ella afirma la culminación de más de 25 años de esfuerzo, papeleo y sueños que parecían distantes. Después de décadas de trámites, pagos a abogados, y una lucha incansable por conseguir lo que le pertenecía, Maritza ve ahora, por fin, el fruto de su perseverancia.

"Hoy, con estas escrituras que no me han costado ni un centavo, siento que todo el esfuerzo valió la pena. Mi casa ahora tiene un respaldo legal, y mi familia y yo podemos vivir con la tranquilidad que merecemos", cuenta, mientras una sonrisa de satisfacción ilumina su rostro. Para ella, este logro es más que solo un papel, es el cierre de un capítulo de incertidumbre y el inicio de un nuevo ciclo lleno de paz.

Maritza no está sola en esta travesía. Ella forma parte de un grupo de más de 2,470 personas que, gracias al esfuerzo de ellos y del personal de la Unidad para el Desarrollo de Vivienda Popular (Udevipo), han recibido las tan anheladas escrituras públicas de sus hogares. 

EN total 426 familias de diferentes rincones de Guatemala han visto cómo sus vidas cambiaban con este simple pero poderoso documento que les da, por fin, la certeza de que su hogar es suyo, sin más dudas ni preocupaciones.

La noticia ha llegado a muchas comunidades de todo el país: Guatemala, Zacapa y Escuintla, hasta Petén, Chimaltenango y Retalhuleu. Familias enteras, que durante años enfrentaron dificultades legales y económicas, hoy pueden mirar al futuro con mayor seguridad, sabiendo que su patrimonio está respaldado por la ley.

Mynor Barrios, quien vive en Villas del Pedregal 1, Retalhuleu, cuenta con orgullo que, después de 25 años de lucha constante, finalmente ha recibido las escrituras de su casa. "Después de tantos años de sacrificio, por fin puedo decir con seguridad que esta casa es nuestra", dice Mynor, mientras observa a su familia reunida. La emoción es palpable, y la sensación de justicia y logro personal se mezcla con la satisfacción de ver que tanto esfuerzo ha dado frutos. Para Mynor, este documento significa mucho más que un simple pedazo de papel; es el reconocimiento de un derecho que, después de décadas de sacrificios, finalmente se ha hecho realidad.

El director de Udevipo, Antonio Stanin Palencia de la Roca, ha señalado que este es solo el principio. Con la meta de llegar a 1,000 familias más en este período, Udevipo trabaja para asegurar que muchos más guatemaltecos, como Maritza y Mynor, puedan contar con la certeza jurídica de que su hogar es suyo y que tienen acceso a programas que mejorarán su calidad de vida.

Estas escrituras son el reflejo de un derecho legalmente adquirido, y también son la promesa de un futuro mejor para generaciones. Gracias a este respaldo legal, las familias pueden acceder a programas de mejoramiento habitacional que les permitirán transformar sus casas en un hogar más digno y seguro. Es un paso hacia la estabilidad y el bienestar, un cambio fundamental para miles de guatemaltecos que hoy pueden mirar hacia adelante con la seguridad de que su hogar es un patrimonio protegido.

Hoy, más de 2,470 guatemaltecos y guatemaltecas, como la de Maritza y Mynor pueden sentirse más seguros. Gracias a esta entrega histórica, pueden caminar con más confianza por el futuro, sabiendo que sus hogares, finalmente, les pertenecen. Un derecho ganado, un sueño hecho realidad, y una nueva etapa de esperanza para tantas familias guatemaltecas que, por fin, tienen la certeza de que su hogar es, efectivamente, suyo.

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