Seño Dorita con 42 años de servicio: "Una vez platicando mi cuñada me dijo que tenía cualidades para ser enfermera, me gusta servir a los demás"
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La clínica de maternidad del Centro de Salud de Mazatenango, Suchitepéquez, cuenta con una aliada en el impulso de la atención humana y digna a la población que lo requiera. Dora Anita Armas Samayoa, cariñosamente conocida como seño Dorita, originaria de Santa Bárbara. Lleva 42 años ejerciendo la labor de auxiliar de enfermería, quien ha sido un ejemplo para su familia y sus compañeros de trabajo.
Todo inició con una plática amena con su cuñada, quien ejercía como docente en la Escuela de Enfermería de Jutiapa. El rostro de alegría reflejado por ese recuerdo hace que seño Dorita cuente esta parte de su historia con gran entusiasmo, ya que esta decisión la tomó estando embarazada con 23 años de edad.
"Una vez platicando mi cuñada me dijo que tenía muchas cualidades para estudiar enfermería. Platicamos con mi esposo, arreglamos la papelería y exámenes y me fui a estudiar a la Escuela de Enfermería. ¡Yo encantada! Me gustó la escuela y todo lo que aprendí de maravilloso. Eso me ayudó a forjar mi vida a lo que mí me gustaba", destaca.
Su primera parte como servidora de salud no empezó en su natal Suchitepéquez. Luego de laborar en una organización no gubernamental en temas de salud en Sololá, en 1982 pasó a ser parte del Centro de Salud de la localidad.
Eran tiempos del conflicto armado interno y seño Dorita vivió uno de los acontecimientos que marcó su vida. Como cada día de servicio, había finalizado la jornada y junto con sus compañeros se disponían a retirarse del Centro de Salud de Sololá. Sin embargo, se supo de una emboscada contra soldados del Ejército.
"Muchos del Ejército entraron mutilados y un montón de situaciones. Dejamos nuestros bolsos en un lugar y empezamos a trabajar, trabajar y trabajar. No medimos tiempo, había mucho por hacer con los pacientes. Cuando nos dimos cuenta, ya cuando algunos pacientes estaban en cirugía y otros en encamamiento, ya eran las seis de la mañana. Solo recuerdo que nos miramos unos a otros con mis compañeros. Esto impactó mi vida en Sololá", comenta.
Su labor de vivir continuó. Sin embargo, su destino estaba en el área de la costa sur, la cual se derivó a sus problemas de salud, donde el clima cálido le favorecería, ya que "mis articulaciones no funcionaban en el frío"
Fue de esta manera que logró llegar al Centro de Salud de Mazatenango. Ser salubrista destacada le permitió afrontar la emergencia del cólera en La Máquina, donde recuerda gratamente a su compañera Cony.
"Cony, que en paz descanse, era muy trabajadora y humana. Fuimos a dar educación, pero la gente no creyó y se desató el cólera. Gracias a Dios el Puesto de Salud ya estaba preparado para lo que podría venir. Se daban casos a la una o dos de la madrugada que llegaban de cuatro hasta cinco pacientes, empezamos a trabajar con Cony en turnos de 24 horas junto con dos comités de salud que se conformaron, era gente maravillosa y colaboradora", destaca.
Estos acontecimientos hicieron que seño Dorita se enfocara en el humanismo y la dignidad del servicio a brindar al prójimo, aspectos que insta a sus compañeros a fortalecer para ser profesionales y mejores seres humanos cada día.
En estos 42 años de servicio también le han acompañado los desafíos para sacar adelante a sus tres hijos, luego que a sus 33 años enviudó y fue el pilar de sustento para su familia.
Destaca: "Agradezco a Dios porque eso sustentó económicamente para sacar adelante a mis hijos. Hoy ellos son unos profesionales llenos de virtud y de principios. Les enseñé que deben de amar lo que hacen y servir con amor".
Seño Cony es una aliada de ejemplo en el impulso de la atención de calidad, siendo un rostro de la salud en Suchitepéquez.
