Seño María con más de 45 años de servicio: "Yo nací para esta vocación de servir a los demás"

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María del Carmen Arias Santos brinda atención en el servicio de consulta externa del Centro de Atención Permanente de Purulhá, Baja Verapaz, representa una inspiración para sus colegas y compañeros, quienes cariñosamente le dicen "seño Mariíta". 

Han transcurrido 45 años desde que tomó la decisión de ser salubrista, como ella lo indica de manera firme: "Yo nací para esta vocación". 

Su deseo por servir a los demás estuvo marcado desde su niñez cuando creció cerca del Hospital Roosevelt. En algunas oportunidades, por diversas circunstancias de salud de su mamá, acudía al área de emergencia, ella aprovechaba ese momento para acompañarla. 

Eran otros tiempos, ya que tuvo la facilidad de ver la atención que se le brindaba a pacientes en sillas de ruedas y otros en muletas. "En ese entonces se podía hacer eso (ver a los pacientes). Y siento que, desde muy pequeña, yo nací para esta vocación", destaca.
 
La riqueza para seño María del Carmen no consiste en el aspecto económico, sino en la vocación de servicio que le ha permitido tener lo más importante: "estoy llena de anécdotas. Tal vez lo que me faltaría es escribir mis anécdotas, tal como me dicen mis compañeros: 'seño Mariíta, escriba sus anécdotas'". 

Su mirada hacia arriba da paso a abrir su corazón y recordar con gran satisfacción que ha servido al prójimo que más lo ha necesitado. 

No cabe duda de que seño María del Carmen estuvo conectada con la labor salubrista, ya que su primera experiencia estuvo relacionada con un parto complicado, un acontecimiento que marcó su vida. 

 "En mi vida había atendido un parto y ni tenía idea de cómo se hacía", empieza a contar esta anécdota en el entonces Centro de Salud de Purulhá, ahora CAP. 

"Solo yo estaba, no había nadie más", menciona agregando que un hombre en un picop llevó a su esposa. "Doña Susana Pacay, no se me olvida el nombre. Cuando empecé a atender vi que ya había empezado el parto, pero lo que venían eran los pies (del bebé). Yo me fui de esta vida, creo que sudaba más que la paciente, no sabía ni qué hacer", comenta. 

Con gran valentía en su primera labor de parto logró atender a la paciente y su bebé nació, a pesar de la gran complicación que representó este caso. "Ahí anda el muchacho, ahora tiene treinta y no sé cuántos años, ya es papá. Siempre que lo miro me recuerdo de este hecho que me marcó", añade.

Ser parte de la lucha para contrarrestar las muertes maternas neonatales ha permitido la admiración de sus colegas y compañeros, no solo por ser salubrista, sino el deseo de superación.

Estando en los servicios de salud logró su diversificado, tuvo la oportunidad de recibir una beca para estudiar como enfermera profesional, de primero la carrera técnica y luego la licenciatura. 

Con gran sacrificio logró obtener su casa, pagó el estudio a sus tres hijos que ahora son profesionales. "Me siento satisfecha, ya que con mi trabajo he apoyado y sigo apoyando a mis hijos. Académicamente pude ir escalando para un mejor sueldo, porque si uno se prepara, es para eso. También muchas personas que me han dado la oportunidad", dice con gran emoción.

En la actualidad menciona que "los años han pasado factura, pero gracias a Dios aquí estoy, estoy caminando, tengo muchos deseos de seguir trabajando. Si Dios me lo permite seguiré apoyando a las personas y a mi familia, por supuesto".

Al contar sus historias los ojos de seño María del Carmen brillan, un reflejo de que compartir lo vivido como salubrista está acompañado de humanidad y don de servicio, lo que representa un rostro de la salud.

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