Un homenaje por todo lo alto: el «Réquiem» de Mozart abre la temporada «Ad Aeternus Réquiem»
Una noche sencillamente espectacular se vivió el miércoles último, en la Gran Sala «Efraín Recinos» del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, con la primera presentación del solemne Réquiem, del genio de la música clásica, Wolfgang Amadeus Mozart.
La actividad es una continuación de la serie de conciertos Ad Aeternus Réquiem, cuyas primeras presentaciones se ofrecieron en el mes de febrero, para conmemorar a las víctimas del terremoto de 1976, del que este año se cumple el 50 aniversario.
Los primeros conciertos fueron excelentes colaboraciones de diversas agrupaciones culturales como el Cuarteto Primavera, el Quinteto Xocomil y el Coro Nacional de Guatemala, y germinaron la idea de extender la temporada, y montar obras de un calado mayor y más ambicioso, como el espectacular Réquiem de Mozart que ya tuvo su primera presentación, y el Réquiem del compositor italiano Giuseppe Verdi, que está en preparativos.
Las más altas autoridades se hicieron presentes
En la gala de lujo estuvo presente el presidente de la República, Bernardo Arévalo de León, y su esposa, Lucrecia Peinado, que no sólo se unieron así al homenaje y conmemoración por el evento telúrico, sino que disfrutaron junto al público presente del talento de los artistas.
«Lo que nos trae aquí es la música como homenaje a los difuntos durante el hecho natural que nos marcó mucho, el terremoto de 1976», dijo en su alocución el viceministro de Cultura, Rodrigo Carrillo, al dar la bienvenida al público que abarrotó el recinto teatral. «Ahora, cincuenta años después, sabemos que Guatemala es capaz de levantarse siempre de estas caídas, y queremos rendir homenaje, no sólo a los difuntos, sino a los héroes que se dieron a la tarea de reconstruir nuestro país», añadió Carrillo.
Una elevada experiencia musical
Luego del acto protocolario, hicieron su ingreso los integrantes de la Orquesta Sinfónica Nacional así como su director, el maestro Martín Corleto, y tras afinar los instrumentos, la música pasó a ser la gran protagonista de la noche. Como parte inicial del programa, la Orquesta actuó en solitario, deleitando al público con una adaptación muy especial del clásico vals «Noche de luna entre ruinas», de Mariano Valverde. Luego, el maestro Fielding Roldán, primer oboe de la OSN, interpretó como solista, acompañado por la Orquesta, el adagio del «Oratorio de la resurrección», del compositor alemán Johann Sebastian Bach.
Acto seguido hizo su ingreso, entre los entusiastas aplausos del público, el cuerpo coral, integrado por cuatro coros: el Coro Nacional de Guatemala, el Coro de Personas con Discapacidad César Augusto Hernández, el Coro Lírico de Guatemala y el Coro Ad Aeternus Réquiem, compuesto por cantantes seleccionados a través de una convocatoria especial. En total fueron 119 artistas vocales, que habían sido preparados para esta gran ocasión por el maestro Salvador Guillén.
El Réquiem de Mozart y algunas sorpresas
Además del cuerpo coral, participaron en el Réquiem como solistas la soprano Dulce Paiz, la contralto Adriana Ixcot, el tenor Sergio Alvarado y el bajo José Ramón Guillén. Juntos, los solistas, los coralistas y la orquesta siguieron la dirección del maestro Corleto, para acometer el Réquiem de Mozart, una misa cantada que estremeció los corazones de todas las personas que tuvieron la oportunidad de estar presentes por su sobrecogedora belleza y complejidad.
Al terminar el Réquiem, de una hora de duración, los artistas recibieron una nutrida ovación de pie, como sincero homenaje del público a su talento. Luego, ofrecieron dos breves interpretaciones más. Primero, el hermoso Ave verum, también de Mozart, y para terminar y como una sorpresa maravillosa para los amantes de la buena música, los más de doscientos artistas interpretaron una de las obras más queridas de la música coral: el «Aleluya»; fragmento del oratorio «El Mesías», de Georg Friedrich Haendel, cerrando así una noche sencillamente inolvidable.
