Una torta de huevo y agua de panela: el gesto que marcó la vida de Silvia Sintuj

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Silvia Sintuj es una enfermera que ha dedicado 26 años de su vida a la salud pública. Esta mujer ha recorrido caminos empinados y veredas olvidadas para llevar atención y esperanza a las comunidades más alejadas de Guatemala. 

En Olintepeque, Quetzaltenango, comenzó a forjarse como referente en la atención comunitaria, desarrollando una vocación que nació del deseo de servir y sanar.

En el año 2000 se graduó de Técnico en Salud Rural,  lo que no solo significó un logro académico para Silvia, sino el inicio de un compromiso profundo con las personas. Desde entonces, su camino ha sido de entrega: facilitadora institucional, supervisora técnica y parte fundamental del equipo del área de Salud de Quetzaltenango. Pero su historia va más allá de los títulos y los cargos.

A seño Silvia, como le llaman con afecto en las comunidades, la marcó un momento que nunca olvida. Fue en Santo Domingo, Concepción Tutuapa, San Marcos, una aldea de acceso complicado. El objetivo era claro: vacunar a la niñez y realizar pruebas para prevenir el cáncer de cérvix. Dos horas de caminata le llevaron hasta el poblado. Cansada pero decidida, cumplió su misión.

Al finalizar la jornada, una familia la invitó a su hogar para compartir un almuerzo. "Cuando llegué, me sirvieron una torta de huevo cocinada en comal, acompañada de tamalitos y un vaso de agua de panela", recuerda. El gesto la conmovía, pero pronto descubriría algo que la impactaría para siempre.

"Me extrañó que la familia no se sentara conmigo. Me levanté a ver qué hacían y los encontré alrededor del fogón, pasándose un tallo de cebolla. Cada uno mordía el tallo y comía un tamalito. Entonces entendí que lo más valioso que tenían ese día me lo habían dado a mí: su único huevo y su agua de panela. Fue su manera de agradecer la atención en salud que les llevé", relata Silvia, con la emoción todavía presente.

Ese gesto de gratitud, simple pero profundo, quedó grabado en su memoria como un recordatorio del valor de su labor. Llevar salud no es solo cumplir una función, es tocar vidas, es ser parte de historias silenciosas de lucha y resistencia.

Hoy, como jefa del área de enfermería del Distrito Municipal de Salud de Olintepeque, Silvia impulsa a las nuevas generaciones de salubristas a mirar más allá de las cifras y los protocolos. Les recuerda que la verdadera transformación ocurre cuando se entiende la realidad de las comunidades, cuando se camina junto a ellas y se lleva no solo medicina, sino también esperanza.
 

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