Amor que protege: Valentina y Anthony, una historia de acogimiento familiar en Sololá

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En un hogar lleno de luz y ternura, Valentina despierta cada mañana para encontrarse con una sonrisa que ilumina su día: la de Anthony, un niño que llegó a su vida hace ya algunos años como parte del Programa de Familias de Acogimiento Temporal de la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia (SBS).

Desde entonces, su casa se convirtió en un refugio de amor, cuidado y esperanza. Anthony, que tiene una discapacidad, encontró en ella y en su familia no solo un techo, sino un espacio donde sentirse querido y protegido.
“No fue difícil recibirlo, simplemente lo amamos desde el primer día. Era como si siempre hubiera sido parte de nosotros”, recuerda Valentina con una sonrisa suave.

Un inicio lleno de retos

Valentina cuenta que cuando Anthony llegó, usaba pañales, no hablaba y apenas caminaba. Tenía desnutrición severa, una cirugía innecesaria en el estómago y una mirada perdida que reflejaba los efectos de la falta de estimulación y cuidado
Pero en poco tiempo, con amor, paciencia y acompañamiento, comenzó a cambiar. Aprendió a ir al baño solo, a comunicarse con lengua de señas y a confiar en las personas que lo rodeaban.

“Nada de lo que vivía tenía que ver con su discapacidad. Era solo que nunca había tenido la oportunidad de aprender con alguien a su lado”, cuenta Valentina, mientras recuerda esos primeros meses de adaptación, entre consultas médicas, terapias y abrazos.

El poder de una familia

Hoy, Anthony cursa tercero primaria, corre, ríe, juega y se comunica con entusiasmo. En cada gesto refleja la seguridad de sentirse amado. Su transformación no solo ha sido física, también emocional y educativa.
“Verlo feliz y sano es lo más grande. Saber que su vida cambió por el cariño de un entorno familiar, eso no tiene precio”, expresa Valentina, con el orgullo de una madre que sabe que su decisión marcó una diferencia real.

La experiencia no ha estado exenta de desafíos. Para Valentina, uno de los aprendizajes más profundos ha sido comprender que la protección no es un acto temporal, sino una entrega constante.
“Uno puede leer sobre las fallas del sistema, pero vivirlo con un niño frente a uno es diferente. Lo importante es no rendirse, porque ellos merecen todo el esfuerzo”, asegura.

Una historia que inspira

El programa de Familias de Acogimiento Temporal de la SBS promueve que niñas, niños y adolescentes puedan crecer en entornos familiares mientras se resuelve su situación legal o familiar. Estas familias ofrecen cuidado, amor y estabilidad, evitando la prolongada estadía en hogares de protección.

Valentina ha hecho de este programa una vocación de vida. Ha acompñado a Anthony en cada paso, respetando siempre el vínculo con su familia biológica, convencida de que todo niño tiene derecho a conocer sus raíces.
“Su familia lo quiere y él también los quiere. Verlo compartir con sus hermanos y sentirse parte de algo ha sido muy bonito. Todos los niños merecen eso: sentirse amados y acompañados”, dice con firmeza.

Amor que protege

Hoy, Anthony tiene una vida plena, saludable y feliz. Asiste a la escuela, participa en actividades y disfruta de la rutina familiar. Su historia representa lo que el acogimiento puede lograr cuando hay empatía, compromiso y un corazón dispuesto a cuidar.

En Sololá, la SBS late con fuerza en cada familia que abre sus puertas y demuestra que la protección también se construye desde el amor.

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