Cuando una familia se acompaña, todo puede cambiar
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Marjorie tiene 15 años y, como muchas adolescentes, atravesó una etapa en la que se sentía sola, incomprendida y distante de su familia. En casa, la comunicación se había ido apagando con el tiempo, principalmente por las largas jornadas de trabajo que sostenían el hogar y dejaban poco espacio para convivir.
Su hermana mayor, Jeymi, recuerda que durante años la familia vivía en modo “sobrevivencia”. “Nos tocó trabajar desde muy jóvenes, regresábamos tarde y casi no convivíamos. No hablábamos como familia, cada quien estaba en lo suyo”, cuenta.
“Nos tocó trabajar desde muy jóvenes, regresábamos tarde y casi no convivíamos. No hablábamos como familia, cada quien estaba en lo suyo”, *Jeymi, hermana de Marjorie
Doña Erika, mamá de Marjorie, también lo reconoce. Durante mucho tiempo su prioridad fue sacar adelante a sus hijos con esfuerzo diario. “A veces salía ya noche del trabajo. Yo pensaba en que no les faltara comida y estudio, pero en el camino también hacía falta algo más: estar más cerca de ellos, escucharlos”, comparte.
Fue en medio de una situación difícil para la familia cuando, como parte de un acompañamiento coordinado con las autoridades competentes, fueron vinculados a la Sede Departamental de la Secretaría de Bienestar Social (SBS) en Sacatepéquez. Desde ahí, Marjorie inició un proceso de prevención a la institucionalización, con atención integral desde trabajo social, psicología y pedagogía. Paralelamente, su mamá y su hermana se integraron al programa Educando en Familia, un espacio que les permitió fortalecer la convivencia, la comunicación y el vínculo familiar.
Fortalecer a la familia es fundamental
La trabajadora social de la sede, Cintia Arévalo, explica que este tipo de intervenciones buscan, ante todo, evitar la separación innecesaria de las familias. “Para nosotros es fundamental que no exista desintegración familiar. No hay mejores cuidadores que los propios padres. En el caso de Marjorie, la mamá fue una pieza clave, acompañándola en cada sesión y priorizando su bienestar”, señala.
“Antes yo era muy enojada, casi siempre estaba molesta con todo”, reconoce Marjorie. Con el acompañamiento constante, su carácter comenzó a cambiar. Hoy se siente más tranquila, habla más con su mamá y su hermana, y se anima a expresar lo que piensa y lo que siente.
Desde el área pedagógica, el proceso también marcó un punto de inflexión. La pedagoga de la sede, Marta Lidia Abaj, destaca que el acompañamiento educativo permite a las y los adolescentes proyectarse hacia el futuro. “La pedagogía ayuda a cambiar la mentalidad, a que los jóvenes comprendan la importancia de la educación y se motiven a iniciar, continuar y concluir una carrera. Cuando la familia acompaña ese proceso, los resultados son positivos”, afirma.
En el caso de Marjorie, la participación activa de su mamá fue determinante. Estuvo pendiente de sus tareas, calificaciones y asistencia, lo que se reflejó en un mejor rendimiento académico y mayor motivación personal.
La SBS transforma vidas
Para Jeymi, el proceso también fue una oportunidad de transformar la relación entre hermanas. “Yo tuve que pedirle perdón, porque no la trataba bien. Platicamos, nos acercamos, y ahora sí convivimos más como familia”, relata.
La mamá de Marjorie lo resume con claridad: el cambio se notó dentro del hogar. “Ahora convivimos, hablamos, comemos juntas. Antes no era así. Antes cada quien estaba encerrado, solo mirábamos tele y nadie hablaba”, cuenta doña Erika. Con emoción, añade que incluso cosas simples como compartir un domingo o salir juntas se volvieron parte de la nueva rutina familiar.
El acompañamiento también abrió nuevas oportunidades para Marjorie. Actualmente cursa un bachillerato en computación los fines de semana y sueña con graduarse, trabajar y estudiar cocina, una de sus mayores pasiones.
Un equipo humano y comprometido
Uno de los momentos más significativos ocurrió cuando Marjorie cumplió 15 años. Ella pensaba que no habría celebración, pero el equipo de la sede organizó una sorpresa especial: reunieron fondos, le compraron su vestido, prepararon la comida y celebraron junto a ella. “Fue una gran felicidad. Me di cuenta de que sí me quieren”, recuerda.
Doña Erika lo describe como un gesto que marcó a su hija y a toda la familia. “Uno a veces piensa que está solo, pero ese día ella entendió que había personas que la apreciaban y que la querían”.
Desde la SBS, este tipo de resultados confirman la importancia del trabajo articulado. “Cuando trabajamos como equipo multidisciplinario y acompañamos a toda la familia, los cambios son reales y sostenibles. Ver a las familias unidas y con ganas de seguir adelante es el mayor logro”, señala la trabajadora social.
Al final, la mamá deja un mensaje que resume el sentido de esta historia: los adolescentes necesitan algo más que techo y alimento. “A los hijos hay que oírlos, escucharlos, porque ellos también tienen derecho a expresarse. Y si una familia necesita apoyo, hay que buscarlo a tiempo”, afirma.
Historias como la de Marjorie reflejan el trabajo que realiza la Secretaría de Bienestar Social desde el territorio: acompañar a las familias, fortalecer vínculos y brindar herramientas para que niñas, niños y adolescentes crezcan en entornos más protectores.
Doña Erika lo dice con gratitud: “Yo agradezco a la Secretaría de Bienestar Social por lo que han hecho por nosotros… esto hay que valorarlo, porque es por nuestros hijos”.
