“Gracias por venir a verme... llenan mi alma”, dice don Ladislao quien se recupera del síndrome de Guillain Barré

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Sentado en el patio de su casa, con su esposa y sus gatos, don Ladislao Vásquez se muestra feliz al ver llegar al personal del Centro de Salud de Cuyotenango que lo visita con frecuencia para monitorear su recuperación de Guillain Barré. 

Tiene 78 años, pero su mirada se ilumina cuando dice que agradece estar vivo y poder moverse, pues casi no tiene secuelas de la enfermedad neurológica aguda. “Gracias por venir a verme, llenan mi alma porque sé que se preocupan por mí”, expresa.  

Don Ladislao cuenta que enfermó “de un día a otro” después de cargar leña. “Cuando terminé me sentí muy cansado, me temblaban las pantorrillas, las manos y me costaba caminar. Me llevaron al IGSS y ahí ya no pude moverme. Ahora ya puedo caminar”, indica, mientras muestra sus movimientos.  

Está feliz con su recuperación, sin embargo, se le entrecorta la voz y se humedecen sus ojos cuando habla de su experiencia. “Fue muy triste. En el hospital algunos lloraban y decían que mejor les hubieran quitado un dedo y no estar así”, dice. Para entonces camina entre sus “siembritas” de cacao.  

Pese a lo difícil que ha sido superar esta enfermedad, don Ladislao, siente un profundo agradecimiento por el personal de salud. “En el hospital las enfermeras nos daban la comida en la boca, nos bañaban y si a medianoche las llamábamos ahí estaban”, cuenta.   

También, dice que su recuperación se debe, no solo al tratamiento médico, sino a las terapias que le realiza una de sus nietas. “Además, los trabajadores del centro de salud me visitan una vez a la semana. Estoy agradecido con Dios y con ellos”, finaliza.

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